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Bendiciones!

18 de agosto de 2010



Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadora de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos
Proverbios 6:16-19
De todos los sucesos traumáticos que amenazan la seguridad y bienestar del ser humano son: la mentira, traición y el desencanto, tal vez, los más temidos. De alguna manera, nadie puede sentirse totalmente a salvo en los brazos de nadie, aquí en la tierra. Aún la figura más noble y confiable que podamos imaginarnos, lleva el estigma de la duda al momento final de la lealtad y el sacrificio extremo.
Los tiernos brazos de un hermano, los votos maritales frente al altar, la promesa de fidelidad de un amigo... Ni que hablar de lo frágil de los contratos laborales con promesas de progreso, o las plataformas políticas propuestas en las campañas electorales, o las garantías de confiabilidad de las aseguradoras de bienes muebles e inmuebles... Todas y cada una de ellas, al momento de la verdad, se pueden quitar la máscara y herirnos con el frío puñal de la mentira y la traición, que es el peor de los crímenes.
Cuando te enfrentas con la funesta realidad de que te han traicionado y defraudado, que aquello en lo que confiaste resultó ser una completa mentira, te hundes en el lodo de la inseguridad y tu alma se envenena con al amargo sabor del rencor alimentado por tu deseo de venganza.
A ese punto han llegado millones de personas a lo largo de la historia humana. Es muy probable que tú seas otra de estas tantas víctimas del desencanto, el fraude y la traición fruto de las mentiras. Es muy probable que tu mecanismo de confianza se encuentre tan debilitado que ni siquiera pongas demasiada atención a las palabras que estás procesando en este mismo instante.
Si esto es así, debes fundamentar tu vida en la verdad. La única, eterna e inalterable verdad que esta puesta en la piedra que desecharon los edificadores y que ahora es cabeza del ángulo, todo el que llega a esa piedra es quebrantado, mas sobre quien sobre ella cayere, le desmenuzara. Esa piedra es Jesús. Él no cambia ni está sujeto a condiciones externas porque, siendo Dios, no necesita de nada para existir y su existencia está regida por su verdad inherente. Te lo aseguro que Jesús no te defraudará. Tanto que SI has puesto cerrojo en tu corazón, Cristo puede romper tus cadenas y llenarte de esa paz que sobrepasa todo entendimiento.
Dios Te Bendiga.


Enviado por Omaira Perez