
El Espíritu de Dios que mora en nuestro interior interceda por nosotros.
“...QUÉ HEMOS DE PEDIR..., NO LO SABEMOS, PERO EL ESPÍRITU... INTERCEDE POR NOSOTROS...” (Romanos 8:26b)
Cuando vas al extranjero, puedes sentirte incómodo y un poco perdido, porque no hablas el idioma. Todo es distinto a lo que estás acostumbrado.
El idioma del mundo espiritual es la oración y como el mundo espiritual es la fuente de nuestro poder, nuestra victoria, nuestra paz, nuestro gozo y todo lo demás que necesitamos, es imprescindible que aprendamos a hablarlo. Las buenas noticias son que tenemos al Maestro e Intérprete perfecto: al mismísimo Espíritu de Dios. Una de las cosas que Él hace es enseñarnos el idioma de la oración y guiarnos a la hora de hablar con el Padre, ¡y se le da muy bien hacerlo! La Biblia dice que el Espíritu Santo puede interpretar nuestras oraciones aun cuando no sabemos qué decir: “...qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26b). ¿No es eso maravilloso?
La oración es el enlace entre el mundo físico y el mundo espiritual, y desde que el mundo espiritual controla al mundo físico, cuando nos ponemos en contacto con el de arriba, eso afecta nuestro funcionamiento en el de abajo. Porque la oración conlleva una relación, el Espíritu Santo recíprocamente nos muestra el corazón de Dios al conectarse con nuestro espíritu humano con el fin de que oigamos al Señor hablarnos dentro de lo más profunda de nuestro ser. Por este motivo, no se debería orar apresuradamente. Por este mismo motivo, tomar tiempo para meditar y estar quieto ante Él es muy importante, porque permite al Espíritu Santo compartir los pensamientos de Dios con nosotros para que comencemos a pensar a su manera; ¿y qué valioso es eso?
Por Bob y Debbie Gass, con la colaboración de Ruth Gass Halliday














