¡No te afanes!


Dedicamos mucho tiempo a tantas cosas a lo largo del día, cosas por hacer tenemos de sobra, no acabamos con los pendientes, desde las cosas que hay que hacer en la casa, el trabajo, la escuela, los hijos, el esposo, los papás, cosas que pagar, hay para quienes son solo algunas de estas actividades, mientras que para otras son casi todas, y no se diga cuando algo se nos complica o nos sale mal, pareciera que los problemas están a la orden del día.
La palabra afán es sinónimo de preocupación, ansiedad, inquietud y hasta desesperación por realizar alguna actividad.
Es muy fácil caer en el afán, en lo personal, he conocido gente que vive preocupada, pareciera que sus preocupaciones o ansiedades en lugar de terminar, se multiplican, se ocupan tanto de sus problemas que nunca tienen ni siquiera 5 minutos de tranquilidad, siempre están afanadas buscando solución a todo, y no están mal en ocuparse de ello, tampoco se trata de que dejes ahí los problemas y se resuelvan solos, lo que realmente hacen mal es querer hacer por sus propias fuerzas lo que no les es posible. Estoy segura que si nos ocupáramos de pedirle a Dios que nos ayude y nos de la sabiduría de cómo salir de cada situación, o la habilidad para manejar nuestro tiempo y actividades, poniéndolo a Él en primer lugar, dándole unos minutos al comenzar el día, agradeciendo por una nueva oportunidad de vivir y disfrutar de todo lo bueno que nos dá, cambiando nuestra actitud, empezando el día con una sonrisa, tranquilamente, y poniendo todo en sus manos, seguramente Él se encargará de que en tu día no exista el afán, la preocupación, la ansiedad.
¿Recuerdas la historia de Marta y María?, mientras María, se ocupó de atender unos momentos a Jesús, Marta estuvo afanada en sus ocupaciones, preocupada, ansiosa por terminar, tal vez hasta molesta por todo lo que tenía que hacer, mientras María disfrutaba de la presencia de Jesús, disfrutando un poco de su visita, Marta se perdió de esos momentos, por estar en sus afanes.
No seamos como Marta, en medio de las miles de ocupaciones, dediquemos un tiempo a la presencia de Dios, a sentir su paz, y dejar que nos dé de su fuerza y paciencia para sacar el día adelante.
No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mateo 6:31-33).

Escrito por: Maite Leija

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LA OTRA MUJER

Un Mensaje a la Concieciencia


«LA OTRA MUJER»
por Carlos Rey

En una revista del año 2005 apareció la siguiente anécdota del escritor Daniel Nyarirangwe:

«Después de veintiún años de matrimonio, descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor. Hacía poco había comenzado a salir con otra mujer. Eso fue idea de mi esposa.

»—Sé que la amas —me dijo un día tomándome por sorpresa.

»—Pero yo te amo a ti —le respondí.

»—Lo sé. Pero también la amas a ella.

»La otra mujer a quien mi esposa quería que yo visitara era mi madre, que es viuda desde hace diecinueve años. Las exigencias de mi trabajo y mis tres hijos habían contribuido a que sólo la visitara de vez en cuando. Esa noche la llamé para invitarla a cenar e ir al cine.

»—¿Qué te ocurre? ¿Estás bien? —me preguntó.

»Mamá es el tipo de persona que supone que una llamada tarde en la noche o una invitación sorpresiva es [o, son] indicio de malas noticias.

»—Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo —le respondí.

»—Los dos solos...

»Luego de pensarlo por un momento, dijo:

»—Me gustaría muchísimo.

»Ese jueves, después del trabajo, me sentía algo nervioso mientras conducía el auto para recogerla. Cuando llegué a su casa, vi que ella también parecía estar nerviosa. Me esperaba en la puerta con el abrigo puesto. Se había rizado el cabello y llevaba el vestido con el que celebró su último aniversario de bodas. Irradiaba una sonrisa como la de un ángel.

»—Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo, y eso las impresionó mucho —me dijo mientras subía al auto—. Están locas por enterarse de los pormenores de nuestra velada.

»Fuimos a un restaurante que, aunque no era elegante, sí era muy acogedor. Mi madre se aferró a mi brazo como si fuera la Primera Dama de la nación. Una vez que nos sentamos, tuve que leerle el menú. Ella no podía leer más que letras grandes. Luego de que comenzamos a comer, levanté la vista y vi que mamá me estaba mirando fijamente. Una sonrisa nostálgica se dibujaba en sus labios.

»—Era yo quien tenía que leer el menú cuando eras pequeño —me dijo.

»—Ahora te toca a ti relajarte y permitirme que haga lo mismo —respondí.

»Durante la cena tuvimos una conversación amena, nada extraordinario, sólo poniéndonos al día el uno al otro. Hablamos tanto que nos perdimos el cine. Cuando llegamos de regreso a su casa, ella dijo:

»—Estoy dispuesta a volver a salir contigo, pero sólo si me dejas ser la que invita.

»—¡De acuerdo! —le contesté.

»—¿Cómo estuvo la velada? —me preguntó mi esposa cuando llegué a casa aquella noche.

»—Muy agradable —le respondí—; mucho más de lo que pudiera haberme imaginado.

»Días más tarde mamá murió de un infarto. Fue tan súbita su muerte que no tuve oportunidad de hacer nada para ayudarla.

»Pasado algún tiempo recibí un sobre con una cuenta del restaurante donde había cenado con mi mamá. Tenía además una nota que decía: “Pagué esta cena por adelantado. Estaba casi segura de que no iba a poder acompañarte, pero igual pagué por dos comidas: una para ti y una para tu esposa. Jamás podrás imaginarte lo mucho que aquella noche significó para mí. ¡Te amo!”

»En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo: “Te amo”, y de darles a nuestros seres queridos el tiempo que se merecen. No hay nada en la vida más importante que Dios y nuestra familia.»

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¿Tienes tiempo para Dios?

La falta de tiempo pareces ser la excusa que se encuentra de moda y digo excusa porque en realidad para todo hay tiempo, lo que pasa es que no lo administramos y no ordenamos prioridades para hacer que nos alcance el día para tanto que hay que hacer.
Estamos tan llenos de actividades todo el tiempo que pocas veces disfrutamos de un tiempo relajado y peor aún, nos falta tiempo para Dios, y es que hay ocasiones en las que nos esforzamos para poder hacer ciertas cosas, pero al momento de planear el tiempo que le dedicaremos a Dios en el día, terminamos dándole un pequeño espacio en nuestra llena y pesada agenda, solo un poco, solo un momento, y creemos que con eso tal vez sea suficiente.
Dedicarle poco tiempo a Dios es darle poco interés a tu relación con Él, pues lo mismo que sucedería si descuidaras tu relación de pareja, es lo mismo que sucede si descuidas tu relación con Dios, el amor se enfría y poco a poco comienzas a sentir un vacío, Dios no se va, pero la comunicación se rompe y quien termina sufriendo las consecuencias eres tú mismo.
¿Cuánto tiempo dedicas a Dios? ¿Cuánto te interesas en tu relación con Él? La verdad es que nos damos cuenta que es poco cuando comenzamos a sentir un enorme vacío, el corazón de alguien que ama a Dios está diseñado con un espacio que solo Él llena, por eso al alejarnos o descuidarnos sentimos ese vacío inexplicable, entre menos tiempo dedicamos, más crece el sentimiento de vacío.
Un orden de prioridades incluye a Dios en el primer lugar, sea cual sea la manera en que manejas tu vida, sin importar a lo que te dedicas o lo saturado de tu agenda, siempre es mejor beber el agua directa del manantial que esperar la poca que llega después de un largo recorrido llena de impurezas.
Cuando lo primero en tu vida es Dios, todo lo demás llega por añadidura, cuando dedicas una buena parte de ti tiempo a Él en realidad estás invirtiendo para ganar con intereses.
Daniel  dedicaba oración a Dios tres veces al día, tenía tiempo no de sobra, sino que sabía en lo que invertía, y obtuvo beneficios de ello, “por cuanto fue hallado en él mayor espíritu y ciencia y entendimiento, para interpretar sueños y descifrar enigmas y resolver dudas…”  Daniel 5:12. El tiempo de Daniel con Dios era la clave de su sabiduría y la lleve con la que abría puertas que lo bendecían.
El tiempo mal administrado deja como resultado no poder cumplir con todo lo planeado, las cosas terminan en afán, y el afán en asuntos incompletos y frustración, relaciones espirituales débiles y oraciones express de las que después nos preguntamos ¿Por qué no veo los resultados?
En la medida del tiempo que le dedicas a Dios, en la medida que lo buscas es que encuentras la respuesta a cada una de tus necesidades, tu tiempo con Dios es más importante que el tiempo que inviertes en cualquier actividad que usas como distracción, porque decir: “No tengo tiempo” es igual que decir “No me interesa”, cuando deseamos realmente algo nos hacemos un espacio sin importar que tan ocupados estemos.
Dios te dio más que unos minutos de su tiempo, te dio la vida entera de su Hijo, ¿merecerá solo un poco de tu valioso tiempo?
Autora: Maite Leija.

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Usa tus manos


Las manos desempeñan una importante función en los seres humanos. Desde nuestra tierna infancia, las manos son instrumentos de aprendizaje, afecto, seguridad, etc. Un bebé usa sus manitos para aferrarse a algo cuando teme caer, también para conocerse a sí mismo al palpar su cuerpecito y también a los objetos que le rodean. Aprende que las manos sirven para tocar, acariciar, apretar, etc.

Nuestras manos son capaces de construir y destruir. La etapa de la niñez es importantísima en el aprendizaje del uso de las manos. Los padres deben enseñar a sus hijos a hacerlo de manera positiva y constructiva. Un niño que destruye todo lo que caiga en sus manos, no es necesariamente un niño muy inteligente, que movido por la curiosidad de saber qué tienen las cosas por dentro, rompe todo, como suele decir la gente. Es una actitud negativa, que debe ser corregida a tiempo y averiguar la causa. Puede ser que ese niño necesite atención y actúa así porque no es capaz de expresarlo verbalmente.

Durante toda nuestra vida, las manos son nuestras herramientas naturales, que van con nosotros a todas partes. Aun en la ancianidad, cuando se vuelven un poco torpes, son de gran significado y utilidad. Se ha comprobado que a las personas de la tercera edad, les ayuda enormemente el ocuparse de algún trabajo creativo hecho con sus manos. Los hace sentirse útiles y les eleva su autoestima…”Yo hice esto con mis propias manos” es una frase que se dice con satisfacción.

El trabajo manual constituye una vía de escape ante los problemas de estrés. Combate la ansiedad y la depresión y ayuda a dirigir la mente hacia otras cosas. Si nunca nos hemos dado la oportunidad de dedicar un tiempo a hacer alguna manualidad, hagámoslo, ya que puede ser que descubramos habilidades escondidas en nosotros. Hacer algo diferente nos salva de la rutina, nos libra del aburrimiento y la desmotivación. Nunca es tarde para descubrir talentos que habían estado dormidos. Quizá con aprender a tocar un instrumento musical, descubramos nuestro talento para la música y podamos ponerlo al servicio del Señor.

Nuestras manos son instrumentos valiosísimos que Dios nos dio. Usémoslas en Su obra, para alabarle, para adorarle, para crear belleza a través de un pincel o un lápiz, para producir música, para cultivar la tierra, para construir, para acariciar a nuestros hijos, para pasar las hojas de una Biblia, para aplaudir con gozo y alegría, para escribir un poema y tantas otras cosas más. Pero lo más importante para los hijos de Dios, debe ser levantar nuestras manos hacia el cielo, hacia Dios, nuestro Señor y tomarnos de las Suyas. Sus manos guiarán las nuestras hacia lo bueno y agradable delante de El. Ofrezcamos nuestras manos a Dios para que El las use para Su gloria.


“…Y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado”

                                                             1 Tesalonicenses 4:11



Escrito por: Angélica García Sch.


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Ser mujer es todo un compromiso


La mayoría de las mujeres que han tenido la fortuna de ser madres suelen desear siempre para su familia lo mejor: que sea feliz, que siempre esté unida, que tenga salud, educación… En pocas palabras, podemos decir que una madre se realiza a través de su familia.

Para que una madre pueda transmitir a sus hijos los hábitos que ella quiere dejarles, debe ser ejemplo vivo de estos. Si una madre se encuentra bien, alegre, feliz con su vida, con su trabajo, con sus responsabilidades, creencias e ideales, eso es todo lo que va a transmitir a sus hijos.
Pero si por el contrario, se siente vacía, sin ganas de nada, si no tiene creencias que la estimulen a vivir plenamente su condición de esposa y madre, lo que sus hijos van a percibir de ella es sólo conformismo y superficialidad, en una palabra, infelicidad.

Activa y desactivada

Ana es una mujer que suele estar todo el día ocupada. Un día típico de Ana sería el siguiente:
Por la mañana clase de gimnasia; de ahí al salón de belleza; más tarde a realizar el pedido del sofá que va a comprar. A la hora de la comida, a comer todos rápidamente, pues hay que ir a dejar a los niños a sus clases de natación, pintura y francés (en las cuales se pasan toda la tarde). Mientras los niños toman sus clases, Ana se va al cine con sus amigas. Y por la noche, no falta la reunión de ex-alumnas de la secundaria, de la cual es organizadora, o la de la Universidad…
Como Ana, la mujer “activista” es la que siempre está metida en mil quehaceres. Se preocupa por lo externo y no llega a descubrir la riqueza del interior. Tiene tiempo para todo, menos para enriquecer su espíritu. La podemos resumir como la mujer que “se pasa la vida juntando material y nunca construyó nada”, o que “fabrica botecitos de perfume y nunca los llena”. Al final se quedó vacía y no dejó nada.

La mujer “trabajadora”

Isabel en cambio, tiene un día completamente diferente. Se levanta muy temprano y atiende tranquila y alegremente a su familia. Durante la mañana, va a una conferencia sobre la adolescencia, da clases de ortografía en una escuela de escasos recursos, y asiste a un taller de redacción.
La hora de la comida la comparte junta toda la familia. Aunque dos veces por semana, Miguel (el hijo mayor) come antes acompañado de Isabel, pues acaba de entrar a la universidad y tiene clases por la tarde.
Como Ana, ella también se levanta temprano para ir a su clase de gimnasia, y también va regularmente a arreglarse el cabello. Pero Isabel en cambio, no hace que su vida gire en torno a estas dos actividades, sino que busca algo más para llenar su existencia.

Isabel es una mujer “trabajadora” tiene todo su tiempo ocupado en actividades que le dejan satisfacción personal. Atiende a su familia con alegría, cultiva su intelecto, realiza acción social, y es profesionista. Se da tiempo para todo, pues no lo pierde en cosas que no le dejen algo positivo.

Tiempo de comprometerse

Conociendo los tres tipo de mujeres, sólo cabe preguntarnos, ¿qué tipo de mujer soy? ¿Tal vez un poco “activista”, algo “pasatiempo” y no lo suficientemente “trabajadora” como podría serlo? ¿Cuál me gustaría ser? Hoy es momento perfecto para definir y comprometerse con uno mismo. Empezar a darse a los demás, de hacer algo por los hijos; algo que se quede, que no pase de moda o se acabe con el uso, sino algo que ellos puedan decir mas tarde “Mi mamá me enseñó a ser así”, o “Yo aprendí esto otro porque en mi casa siempre vi a mi mamá hacer lo mismo”.

Para realizar con éxito ese compromiso que una madre tiene para con sus hijos, es importante que uno llegue a conocerse a fondo. Poniendo en orden estas ideas, queda claro qué es lo que quiero en la vida, hacia dónde voy, qué fruto quiero cosechar, qué legado quiero dejar a las personas que más amo, y solo así se puede dar un auténtico crecimiento personal.
Ser ejemplo: La mejor arma
¿Qué vamos a sembrar en nuestra familia? ¿Educación, ejemplo de trabajo, de fortaleza, de entusiasmo y de entereza? ¿O mediocridad, egoísmo, falta de principios, conformismo y superficialidad? Si bien es cierto que “cada uno es el arquitecto de su propio destino”, parece ser que en las madres está el proveer a sus hijos de los materiales adecuados.



Buenas Nuevas

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Sé una mujer con luz propia, caminar con el favor de Dios te distinguirá del resto.


“Porque yo tengo pensamientos de bien y no de mal para ustedes para darles el fin que esperan”.
 Dios dijo: “y no de mal” porque ellos pensaban que les iba a ir mal. Si pensamos así, lo más probable es que nos vaya mal, porque en  lo que más pienso es en lo que más crezco.
¿Qué tipo de mujer eres, hacia dónde diriges tus pensamientos cada día, te cuesta tomar decisiones?
Hay mujeres que no toman decisiones, porque otros las toman por ellas
Noemí
Vivía en la ciudad de Belén que significa “casa de pan” símbolo de prosperidad, pero un día hubo hambre en aquel lugar y la familia de Noemí cometió el error de irse de la casa de pan a Moab, una ciudad maldecida. Su esposo Elimelec dijo “vamos por un tiempito” y se quedaron a vivir, los dos hijos se casaron con moabitas y finalmente se murieron los tres hombres.
Dios había dicho: si obedecen serán bendecidos, iba a haber abundancia en todo, pero si desobedecen la maldición caerá sobre ustedes.
Actualmente no es así, porque la maldición nuestro Dios la cargó sobre su Hijo, él nos redimió de la maldición de la ley. Entonces, ¿cómo es ahora? Es sencillo:
Dios ama a todos, pero bendice a los que obedecen.
La Biblia, dice que Elimelec tomó la decisión de irse y su mujer no dijo nada, simplemente lo siguió, pero el matrimonio está hecho para que juntos lleguen a un acuerdo, siempre debe haber COMUNICACIÒN.
Podríamos pensar que como en aquel entonces la opinión de las mujeres no era tenida en cuenta, entonces no valía la pena hablar,  sin embargo hubo una mujer que demostró todo lo contrario.
Recordemos a Abigail, cuyo esposo Nabal que significa “necio”, intervino ante una amenaza de muerte para toda su gente. Ella al darse cuenta que su marido se lo había puesto en contra a David, el futuro rey de Israel, tomó la decisión de interceptarlo antes de que éste destruyera todo lo que tenía, le pidió disculpas y le llevó  la provisión que David necesitaba. Por eso él le dijo: “Bendita tú y bendito tu razonamiento” es como si hoy te dijeran:
 “realmente no tienes la cabeza de adorno, ere una mujer que piensa”.
Por eso:
Tienes que aprender a tomar tus propias decisiones, y no dejar que otros la tomen por ti, porque la dependencia te ata y no te permite avanzar en la vida.
Otras mujeres toman constantemente la decisión de mirar hacia el pasado
Orfa
Abrazó el pasado nuevamente, volvió a su pueblo y a sus dioses. Porque estaba mentalmente desocupada,  su mente estaba bloqueada. Pensar en cambios trae mucha angustia, por eso preferimos dejar la mente vacía y seguir haciendo lo mismo. Pensar que tu vida va de mal en peor, te trae angustia, pero no haces nada.
 Dios te dirá que sueltes la capacidad que te dio para revertir tu realidad.
El potencial lo podemos usar para bien o para mal, por eso podemos transformar nuestro día. Si decidimos que a pesar de lo que escuchemos, será un día bendecido, eso recibiremos. No aceptes la vida  como viene, esfuérzate.
Orfa prefirió volver a lo de antes, en vez de tomar las riendas de su propia vida e ir hacia adelante.
“Deja de querer que se repita tu pasado,  no hagas más de lo mismo, pudiendo hacer algo, ¡cambia la estrategia!
Pero hay otras mujeres que siempre toman la decisión de mirar hacia el futuro
Rut
Se asoció con Dios, se automotivó e hizo una declaración de fe:
Le dijo a su suegra: “no me pidas que te deje, tu Dios y las bendiciones de tu pueblo serán sobre mi vida, la gloria de Dios rodeará mi vida”: decretó que iba a aprender todo lo que fuera necesario.
Esto es abrir tu  mañana, es como si hoy dijeras: “mis hijos serán libres de la droga, mi marido no va a emborracharse más, el maltrato se va a terminar en mi familia”.
Fue un decreto de autoridad: “no me voy a morir por lo que me pasó”, ella ejerció autoridad sobre su vida.  Empezó juntando las espigas que otros dejaban caer, pero en el fondo de su corazón, sabía que un día, la bendición de Dios  la alcanzarìa.
Tienes que trabajar por tu sueño, ella no tuvo vergüenza, hoy probablemente estés “levantando las espigas que caen al suelo” pero mañana vas a ser ¡la dueña del campo!
Ella  primeramente se amparó bajo la sombra del Altísimo, y luego fue bendecida por un hombre que la amó y la tomó por esposa; ese hombre se llamaba Booz y es figura del Señor Jesucristo.
Mujer dile a Jesús: “Extiende sobre mí tus alas, como una mamá gallina, cúbreme Señor; quiero que me cubras con el borde de tu manto, porque “nadie me quiere comprar”; cuando es la hora de casarse, todos huyen.
Pero hoy Jesús te dice: “sólo yo te acepto con tu pasado y con tus heridas”. Rut no solo quedó incorporada al pueblo de Dios, sino, más sorprendentemente aún, a la estirpe misma de la monarquía davídica. ¿Sabes por qué? porque en el fondo de su corazón ¡ella sabía que era una reina!

Autora: Silvia Truffa

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Deja de vivir en el muro


Dios nos creó con un propósito, puso un mapa debajo de nuestro brazo y dijo: “Mi deseo es que cumplas este plan, tengo sueños grandes para ti y este es el camino”.

Pero con nuestra inseguridad tapamos la voz del Espíritu Santo y escuchamos otras voces y cuando dejamos de escuchar la voz de Dios, nos perdemos en el mapa, y comenzamos a buscar que la gente nos diga, nos señale, y nos guíe en el camino pero, lamentablemente, ellos están más perdidos que nosotros. Mucha gente nos manipulará al aconsejarnos y nos dirá: “esto te conviene”, cuando en realidad a quienes les conviene es a ellos; y de esa manera te quitarán lo que  te pertenece y arruinarán tu  vida.


Hubo una mujer que estaba “perdida en el mapa” porque andaba sin rumbo, estaba desperdiciando su vida, porque ella se entregaba a cualquier hombre, pero un día le sucedió algo diferente, llegaron dos hombres a su casa que no la estaban buscando a ella, sino que habían sido enviados por un general llamado Josué, para que investigaran la ciudad de Jericó en donde justamente vivía esta mujer.


 Va a haber un momento en tu vida en que las cosas van a cambiar radicalmente, porque  Dios mismo, dará la orden a alguien para que vaya a tu casa  a bendecirte.


 El rey de esa ciudad se enteró de que estos hombres estaban en la casa de Rahab y le mandó a decir a ella que los entregase. Pero ella era una mujer de fe, ¡sí así como escuchaste! y decidió no entregarlos. Fíjate lo que le dijo a los espías:


“Sé que el Señor les ha dado esta tierra; porque el temor de ustedes ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de ustedes. Porque hemos oído que el Señor hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de ustedes cuando salían de Egipto”.


Primera declaración de fe:


Ella dijo: “Sé que el Señor les ha dado esta tierra”, no tenía duda de que el Dios de ellos era el verdadero Dios porque él había secado el Mar Rojo. Era una mujer que le temía a Dios, sólo por haber escuchado acerca de él. Hay personas que cuando abrazan la fe, lo hacen de tal manera que creen con todo su corazón, aunque “vivan al límite” como Rahab.


ELLA ERA MAL VISTA POR LA GENTE, PERO FUE BIEN VISTA POR DIOS.


Segunda declaración de fe:


“Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de ustedes”.


 PORQUE EL SEÑOR SU DIOS ES DIOS ARRIBA EN LOS CIELOS Y ABAJO EN LA TIERRA.


Ella no necesitaba que le explicaran doctrinalmente quién era Dios, porque ella había creído en él.


La fe no se explica, porque no tiene lógica racional,  la fe no es para opinar, la fe es para vivir. Se puede opinar de política, de fútbol, de trabajo, pero de fe no se opina; de fe se vive, de fe se conquista y se cree.


Tercera declaración de fe:


“Les ruego pues, ahora, que me juren por el Señor, que como he hecho misericordia con ustedes, así la harán ustedes con la casa de mi padre, de lo cual me darán una señal segura; y que salvarán la vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y hermanas, y que librarán nuestras vidas de la muerte”.


Ella hizo un trato con ellos, y  puso como testigo a Dios, todo el que juraba por Él sin duda tenía que cumplir. Por su fe se salvó toda su familia, porque ella veía al Dios de Israel más grande que su reputación, que sus problemas, y que  la imagen distorsionada que otros tenían de ella.


Rahab un día dejó de vivir en el muro, porque no estaba ni afuera, ni adentro, necesitaba encontrar un lugar seguro. Pero un día se fue a vivir a su casa, porque cuenta la historia que se casó, y de su descendencia nació el Señor Jesucristo.


¡Recuerda que tu descendencia heredará las naciones de la tierra!


 Si te identificas con esta historia, no olvides que Dios no te ve como los demás te ven. Sólo tienes que ir a él y pedirle que perdone tus pecados (cualquiera que sea) y te limpie con la sangre de su hijo Jesucristo.


Dice el libro de hebreos: “por  la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes,pues había recibido en paz a los espías”.


En este pasaje se dice lo que ella hacía, no para recordarnos nuestros pecados, sino para mostrarnos que para el Señor no existe ningún pecado que no merezca su perdón, y lo más glorioso es que dice que fue obediente, porque le creyó a Dios no a los hombres.


La fe es confiar en lo que el ojo no puede ver.


Los ojos ven al león que acecha, la fe al ángel de Daniel.


Los ojos ven tormentas, la fe ve el arco iris de Noé.


Los ojos ven gigantes, la fe ve Canaán.


Tus ojos ven tus faltas, tu fe ve a tu Salvador.


Tus ojos ven tu culpa, tu fe ve su sangre.

Autora: Silvia Truffa

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