ESTE AÑO, ¡PERSEVERA!

“NO NOS CANSEMOS, PUES... PORQUE A SU TIEMPO SEGAREMOS...” (Gálatas 6:9)

Perseverar significa:

(1) Triunfar porque lo has determinado, no porque te lo mereces. Las personas de éxito no se reclinan y esperan que llegue el éxito porque piensan que el mundo se lo debe. No, si eres sabio, pedirás dirección a Dios, te mantendrás firme en la palabra que te ha dado, seguirás adelante y no te rendirás. Debes adoptar la actitud del hombre que dijo: “Estamos determinados a ganar. Los combatiremos hasta que el infierno se hiele, y si hace falta, los combatiremos sobre hielo”. Recordando las pruebas que había pasado, Pablo dijo: “...(Como si estuviera loco hablo.) ...en trabajos, más abundante; en azotes, sin número; en cárceles más; en peligros de muerte, muchas veces” (2 Corintios 11:23b). Una palabra describe a Pablo: era ‘implacable’;

(2) Reconocer que la vida no es una larga “carrera” sino muchas pequeñas una tras otra. Cada tarea tiene sus propios desafíos y cada día sus propios acontecimientos. La mañana siguiente tienes que salir de la cama a “correr” de nuevo, pero la “carrera” nunca es exactamente igual. Para tener éxito, necesitas seguir trabajando arduamente. Dicen que Colón afrontó dificultades inauditas al navegar hacia el oeste en busca de un paso hacia Asia. Encontró tormentas, experimentó hambre, deprivación y desánimo extremo. La tripulación de sus tres naves estaba cerca del motín. Pero su informe del viaje repite lo mismo una y otra vez: “Hoy, seguimos navegando”. Y su perseverancia fue recompensada. No encontró una ruta rápida para las Indias ricas en especies; en lugar de eso, se encontró con nuevos continentes. La clave bíblica para el éxito es correr la carrera día a día (lee Hebreos 12:1-2). De modo que, este año, ¡persevera!


Cuentan que la solicitud de préstamo de Walt Disney fue denegada por 301 bancos antes de finalmente recibir un “sí.” Por negarse a claudicar, construyó el parque temático más famoso del mundo. De modo que, recuerda dos cosas:

(1) Se necesita perseverancia para llevarse el “premio”. En una convención de ventas, un gerente dijo a dos mil vendedores de su firma: “¿Alguna vez se rindieron los hermanos Wright [los dos pioneros estadounidenses de la aviación]?”. “¡No!”, respondieron. “¿Y claudicó Charles Lindberg [famoso aviador y senador norteamericano]?”. “¡No!”, le gritaron. “¿Y Lance Armstrong?”. “¡No!”, gritaron a viva voz. “¿Y Thorndike McKester?”. Hubo un largo y confuso silencio, y después, un vendedor exclamó: “¿Y quién es ese Thorndike McKester? ¡Nadie jamás ha oído hablar de él!”. El gerente de ventas le contestó bruscamente: “Por supuesto; es porque se rindió”. Los que se rinden, nunca ganan, y los que ganan, nunca se rinden;

(2) La perseverancia convierte adversidad en avance. Pablo escribió: “Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han contribuido más bien al progreso del evangelio...” (Filipenses 1:12). Él no se dio por vencido; ¡se reafirmó! ¿Y cómo lo hizo? Él personalmente encontró el beneficio que proviene de cada prueba. Un autor cristiano escribió: “Hoy estamos obsesionados con la velocidad, pero Dios está más interesado en la fuerza y la estabilidad. Queremos tener un arreglo rápido, un atajo, una solución tipo ‘aquí y ahora’. Queremos un sermón, un seminario o una experiencia que resuelva todos los problemas instantáneamente, que quite todas las tentaciones y que nos libre de todos los ‘dolores de crecimiento’. Pero la auténtica madurez nunca es el resultado de una sola experiencia, no importa cuán poderosa o conmovedora pueda ser”. El crecimiento es gradual. La Biblia dice: “...somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18b).



Observe dos cosas más acerca de la perseverancia:

(1) Perseverar significa no parar por estar cansado sino por haber terminado la tarea. El diplomático Robert Strauss dijo con sarcasmo: “El éxito es como luchar con un gorila de 500 kg. No abandonas cuando tú estás cansado sino cuando el gorila lo está”. Cuando estás descansado, ilusionado y lleno de energía, trabajas en la labor con vigor. Es sólo al cansarte cuando necesitas perseverancia. El apóstol Pablo lo reconoció: “No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9). La fatiga y el desánimo no son razones para “tirar la toalla”, son razones para acercarnos al Señor, confiar en nuestro carácter y seguir adelante. Menospreciamos lo que se requiere para tener éxito. Si no hemos calculado lo que cuesta, abordamos los retos con escaso interés; sin embargo, lo que hace falta es un compromiso total;

(2) La perseverancia no exige más de lo que tenemos, pero sí todo lo que tenemos. El autor Frank Tyger observó: “Cada victoria requiere muchísima lucha”. Perseverar significa más que intentar trabajar duro; es una inversión y una disponibilidad de atarte emotiva, intelectual, física y espiritualmente a una idea, objetivo o tarea hasta que haya sido realizado. Perseverar exige muchísimo, pero aquí tienes una buena noticia: todo lo que das es una inversión en ti mismo. Cada vez que haces lo correcto –buscar a Dios, trabajar duro, tratar a los demás con respeto, aprender a realizarte– inviertes en ti mismo. Conseguir hacerlo cada día requiere mucha perseverancia, pero si lo llevas a cabo, el éxito está garantizado. Como dijo la autora Judy Wardell Halliday: “Los sueños sólo se convierten en realidad cuando cumplimos nuestros compromisos con ellos”.


La perseverancia es un rasgo que puede ser cultivado, y el primer paso para hacerlo es eliminar dos de sus mayores enemigos:

1) Un estilo de vida de rendición. A un niño le prometieron un helado si se portaba bien con su abuelo mientras iban a hacer algunos recados. Al ir pasando el tiempo fuera, al chaval se le iba haciendo cada vez más difícil el comportarse bien con su abuelo. “¿Cuánto tiempo más vamos a tardar?”, preguntó. “No mucho”, le contestó el abuelo, “sólo tenemos que parar una vez más”. “No sé si lo voy a poder conseguir, abuelito”, dijo el chiquitín. “Puedo ser muy bueno, pero no durante tanto tiempo”. Cuando somos niños, podemos salirnos con la nuestra, pero no siendo personas maduras, y de ningún modo si esperamos ser exitosos en lo que Dios nos ha llamado a hacer;

(2) Una creencia equivocada en que la vida debería ser fácil. Pablo dijo a Timoteo que debía sufrir penalidades como buen soldado de Jesucristo (cfr. 2 Timoteo 2:3). Si tenemos las expectativas correctas, hemos ganado la mitad de la batalla. El psicólogo clínico John Norcross encontró la gran característica que distingue a los que alcanzan sus metas de los que no lo hacen: la esperanza. Ambas categorías de personas experimentaban el mismo promedio de fracasos durante el primer mes de lucha por alcanzar sus objetivos. Los del grupo exitoso no esperaban triunfar de inmediato; veían sus fracasos como una razón para esforzarse de nuevo y reenfocar su atención en las metas con más determinación. El Sr. Norcross dijo: “Los que tenían malos resultados dijeron que su recaída era prueba de que no podían realizarlo. Son los que tienen una creencia equivocada de que la vida debería ser fácil”. Moraleja: “...por su entereza frente al sufrimiento, alcanzaron la bienaventuranza” (Santiago 5:11 – Versión Castilian).

Por Bob y Debbie Gass, con la colaboración de Ruth Gass Halliday

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